Fuerza y fragilidad

Por Antonio Correa Iglesias

Usa mi cuerpo como las páginas de un libro.
Peter Greenaway El libro de cabecera.

Cuando Jerome en El libro de cabecera de Peter Greenaway (1996) sugiere a Nagiko que escriba de nuevo el libro pero ahora sobre su cuerpo, asistiendo a la conformación de este como territorio o mapa; como soporte a partir del cual se expresa el amor, la venganza, el paso del tiempo y la muerte.

La pintura como escritura, como ejercicio reflexivo abarca también al cuerpo, un cuerpo que se aborda desde la representación de sí mismo como auto-referencialidad.

La obsesión por el cuerpo ha llevado a la cultura occidental a la búsqueda de lo bello como estado patológico, al tiempo que la constitución yoica de una identidad corpórea, ha sido el fundamento de toda la ontología. El cuerpo como referencialidad y arquetipo. El cuerpo como lienzo, como mapa para la escritura, el cuerpo a partir del cual el tiempo se hace “visible”; todo ello muestra la sintomatología de una preocupación que devora la existencia humana.

La pintura como cualquier manifestación del arte contemporáneo antepone reminiscencias, remembranzas y evocaciones inusitadas que nos sobrecogen en un instante inesperado. El arte contemporáneo ha ganado para sí la pérdida de un didactismo canónico y Andy Llanes Bultó (San Antonio de los Baños, 1987) juega con estas paradojas para sustraer de sus personajes sombríos el resentimiento que les provoca sus soledades.

Los cuerpos de Andy Llanes son hombres sin rostros o rostros sin cuerpos, desdibujados, como cabezas trocadas, como perteneciendo a otra dimensión donde se estremecen y contorsionan sobre sí mismos. Son cuerpos andróginos que se buscan en la unidad y la diferencia, son cuerpos de los cuales brota una ficción como un espacio constreñido y devorado por el tiempo.

Andy Llanes logra una síntesis visual que en su unidad expresa todos los cuerpos. El cuerpo travestido, transgredido por un deseo, la transparencia del cuerpo en su descomposición y muerte. El cuerpo como laceración, como herida profunda que rememora un sueño o una pesadilla. El cuerpo fragmentado. “El cuerpo, […] es el súbito de la reminiscencia. El cuerpo es la permanencia de un oleaje innumerable, la forma de un recuerdo, es decir, una imagen.”1 La resurrección de los cuerpos como hipertelia de la inmortalidad.

Andy Llanes Bultó ha logrado una obra evocativa y bella en su compleja sencillez. A primera vista son cuerpos en los cuales gravita una pena, un sentimiento que en la grave contorsión de sus gestos tratan de expurgar. La reducción cromática viene a reforzar ese sentimiento concurrente. Más que una reducción cromática, Andy Llanes se propone una profundización, una exploración cuyo único propósito es subrayar el pathos de lo inefable. Con fuertes influencias en el impresionismo y en el foto-realismo, Andy Llanes sobreabunda con un manejo técnico que desemboca en un ejercicio de profunda seducción y erotismo. Una seducción llena de entresijos, de pequeños guiños que sobresaltan con una fuerte fragilidad.

Es curioso que escogiera para sus “encuadres” una circularidad conminatoria. La circularidad en la mayoría de sus lienzos rememora el estado profundo de la perfección de las esferas en el mundo órfico, una experiencia sensorial que destruye el tiempo y da paso a una pureza moral. La circularidad infinita introduce un dinamismo más cercano a la búsqueda germinativa que a la perpetua laceración de las lineas como causalidad concluyente.

Andy Llanes Bultó rememora en su pintura la búsqueda de sí, la búsqueda del otro -lo andrógino- que está en uno mismo. Son trazos contundentes, como quien va abriéndose paso en una oscuridad gravitatoria, enfatizando los claros-oscuros, los sepias como polaridades confluyentes. A fin de cuenta, nadie puede dar cuenta de los temores del hombre por el hombre engendrados, sin embargo, Andy Llanes se acerca a una indagación plagada de fragmentos volátiles.

Ritual (2017-2018) es una serie exquisita, es un fino regalo a nuestros sentidos. Pero Ritual es también una muestra contundente del giro pictórico que ha tenido lugar en los últimos veinte años en Cuba. Ritual es la enfática demostración de que se puede hacer desde un soporte que tiene más de dos mil años de tradición. Ritual es una serie que recorre el inagotable misterio de lo humano, en sus intercepciones y bifurcaciones. Andy Llanes Bultó es un eslabón fundamental en esa andada de nuevos pintores cubanos que desde su contemporaneidad, han logrado un justo reconocimiento gracias a una visualidad que dialoga con lo más internacional del arte contemporáneo. Como un laborioso artesano, atiza sus pinceles para en un ejercicio de finalidad desconocida, anticipar el cosmos creacional.


  1. José Lezama Lima. Paradiso. Cátedra Letras Hispánicas. Edición Eloysa Lezama Lima. Pág. 416